Dos minutos después de la ducha
Un día cayó en la cuenta de dos cosas. Nunca había aguantado con ningún producto más de tres semanas, y la piel no cambia en tres semanas. Y la crema se absorbía en un minuto, así que el masaje que recomendaba el envase se quedaba en un par de pasadas rápidas antes de vestirse.
Cambió la crema por un aceite. El aceite se desliza, deja masajear de verdad y mantiene la piel nutrida durante horas. Se puso una regla sencilla: cada día, después de la ducha y con la piel todavía tibia, dos minutos de masaje ascendente en muslos y glúteos, sin prisa y sin saltarse ni un día.
A las pocas semanas la piel estaba más suave y la superficie, más pareja. A los 45 días, la piel de naranja se marcaba menos al sentarse y a contraluz. Nada había desaparecido por arte de magia, pero por primera vez veía un cambio que se mantenía. Sus amigas empezaron a preguntarle qué estaba usando.
De esa pregunta nació Dermiplus.